August 14th, 2011

Escribo esto intentado pulsar las teclas del ordenador flojito, no vaya a ser que te despiertes, hijo mío. Yaces en tu cunita a medio metro de mí, gozando tu vigésima siesta del día, atrapado en esa espiral loca y vertiginosa de dormir-comer-cagar que es la vida de un bebé, impasible, y yo me encuentro una vez más en esa trampa absurda que es que cuando duermes no puedo hacer nada por no hacer ruido y no despertarte y cuando estás despierto no puedo hacer nada porque tengo que estar pendiente de ti.

Si bien es cierto que, por lo que me cuentan, eres es de los bebés más fáciles y buenos que existen, te diré que la maternidad es una mo-vi-da. Sobre todo por la cantidad de nociones que se reubican en la mente, la cantidad de ideas nuevas que se generan, como las ciudades en los sueños de Inception, con edificios que desaparecen, que se mueven como fichas de ajedrez telequinéticas, que se crean como setas en otoño al pie de un roble milenario. “Tener un hijo te cambia la vida” es uno de los grandes clichés que los otros padres te sueltan cuando vas a entrar en su club, como si no fuera obvio, como si fuera malo, como si importara.

Ante todos los momentos clave de mi vida, mi respuesta siempre es leer sobre el tema. Y al quedarme embarazada busqué literatura al respecto, en forma de blog, y encontré dos grandes tendencias que me consiguieron repugnar enseguida a partes iguales: las ñoñomamás, pesadas, resabidas, criticonas, paranoicas y obsesionadas con el embarazo, mujeres absolutamente absorbidas por su condición, incapaces de disociarla de absolutamente nada en su vida, que generaban textos que rozaban lo absurdo en plan “cómo andar cuando estás embarazada, cómo hablar, cómo respirar”, mujeres que dios ha puesto en el mundo para que a las demás nos entre culpabilidad por las cosas más nimias… en el otro lado del espectro están las subnormales que se dedican a correr maratones estando de ocho meses, que se “niegan a dejar de ser ellas mismas” (a saber qué significa eso) por estar embarazadas, como si al organismo le importara un culo la asertividad imprudente y acomplejada de algunas, que hablan de ser madre todo el rato en clave “humorística” e insultante, llamando a su feto o a su bebé cosas como “that little bastard”, para luego paradójicamente caer en la misma actitud que las ñoñomamás. Nunca me ha hecho gracia ese tipo de humor, como la gente que se mofa de su pareja en público para hacer reír a los demás, por tanto esas madres tampoco escribían para mí.

Así que procurando no caer en la freakoparanoia ni en el pasotismo de palo carente de gracia alguna, voy a intentar en este blog contarte lo más periódicamente que me permita la maternidad los cambios de paisaje que se producen en mi mente a cada segundo. Prometo solemnemente no decir cosas como “tengo sueño” o “jo, mis amigas salen por ahí y yo no” porque me aburren más que a ti, hijo mío, y aquí estamos para divertirnos. A ver qué tal sale.

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