April 15th, 2012

No hay razones.

En este mundo en el que vivo yo, nos gusta razonarlo todo. Todo tiene un por qué, una historia detrás, un montón de motivos que los demás nos exigen para entender por qué hacemos esto o lo otro, qué nos mueve, qué nos conmueve, qué nos aflige y qué nos flipa. Al imperio le encanta esto, el sensacionalismo absurdo de la causalidad, como si las cosas con un porqué se dieran por legitimadas. Esto ocurre por ejemplo cuando a los asesinos los catalogan de asesinos en serie, terroristas o violentos de género y así todo el mundo respira tranquilo, como si el “es que estoy un poco loco”, el “es que no me gusta el gobierno” o el famoso ”la maté porque era mía” fueran razón para bajarse a alguien.

Lo que más me gusta de ser madre es que no tengo ninguna razón para serlo. Me pone bastante enferma cuando oigo a mujeres diciendo cosas como que quieren ser madres porque “les encantan los bebés” (mismo tipo de gente que tiene perros porque les encantan los cachorros, con historias que suelen tener finales desastrosos), o porque “se sienten preparadas” (pero hay ALGUIEN que esté preparado?) o porque “hay que hacerlo” por probar, como si fuera una droga de diseño, como si fuera realmente algo que tachar de la lista de cosas que hacer antes de morirse, en plan “tirarse en paracaídas… check… bucear en el gran arrecife de coral… check… tener gemelos… check!”.

Tampoco encajo en lo de que tener hijos es el acto definitivo de generosidad que puede realizar un ser humano, porque la generosidad es otra cosa, ni comulgo con las idioteces que dicen otros de que ser madre (o padre) es el colmo del egoísmo, o algo que haces para dejar “algo de ti” en el mundo cuando la palmes, como si tú fueras la fórmula de la cocacola y el mundo te necesitara para seguir girando. En fin.

Yo siempre he sabido que quería ser madre, de una manera tranquila y calmada, muy instintiva y muy orgánica, totalmente ligada al hecho de que soy una mujer y a la parte más maravillosa de todo lo que eso conlleva. También sabía que existía la posibilidad de no serlo, que la respeto plenamente y es más, animo a que más de uno/a se la plantee, porque hay cada cafre por ahí reproduciéndose que más nos valdría tener un poco de criterio a todos. Y no fui madre cuando me apeteció, porque a mí lo que me apetecen son las cervezas o las vacaciones, fui madre cuando pude, cuando vino y cuando se dio, sin esgrimir esas otras razones que usan algunas como que “lo tuve pasados los 30 porque los niños son más inteligentes” o “es que mi carrera es muy importBLABLABLA…”.

Y tanta duda y tanto buscar razones al final se traduce en que veo mujeres que son madres por las razones equivocadas, o en el momento más inoportuno de sus vidas, o en las circunstancias menos deseables, y me da pena que no seamos capaces de dejarnos llevar un poco más por lo que sentimos, en vez de por lo que pensamos, sobre todo a la hora de CREAR UN SER HUMANO NUEVO.

Estaría bien que ese ansia tan loable de planteárnoslo todo en campos como la ciencia, la filosofía, etc, pero en las cosas más naturales, como por ejemplo, la reproducción, el tema es mucho más sencillo (que no simple) de lo que parece. Dejemos de complicar las cosas, dejemos de pensar, dejemos de ser peterpanes eternos y vamos a ver si nos preocupamos de lo que realmente importa. Si no quieres ser madre, pues muy bien. Si quieres serlo, pues también. Pero no te escudes para lo uno ni para lo otro en razones de comedrama de hollywood porque al final la única perjudicada serás tú misma.

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