La magia o la milonga.
Se acercan esas señaladas fechas de los cojones y surge un dilema en mi familia. Yo no quiero contarle la milonga de papá noel/reyes magos a mi hijo y su padre sí. Quiere que montemos el paripé, le mintamos, le dejemos al margen de todo y luego le decepcionemos profundamente cuando se descubra el pastel. Quiere contarle que un señor mayor escandinavo, probablemente alcohólico (no se me ocurre una figura menos infantil) le regala cosas porque sí, o que tres morinchis vienen de un lugar incierto que ahora mismo está en guerra porque no sé qué del niño Jesús (otra milonga que no le pienso ni mencionar), para luego explicarle que no, que todas las complicadas teorías explicando cómo un menda en trineo puede repartir regalos a todos los niños del mundo en una sola noche son lo que parecía en un principio: una gran falacia.
Yo prefiero contarle que cuando quieres a alguien le das lo más valioso que tienes: tu tiempo y tu atención. Y tras escucharle todo el año diciendo cosas como “quiero un mono/un flotador/un botijo/un kilo de churros”, acabas buscándolo, gastándote la pasta, envolviéndolo a escondidillas y regalándoselo, porque es mucho más divertido hacerle formar parte de todo esto desde el principio y que sea tanto regalador como regalado, porque siempre me ha parecido que ambas cosas son igualmente placenteras. Me encantaría verle organizándose para regalarnos cosas a sus padres y a sus abuelos, ver cómo funciona su mente y sus recursos mientras sea pequeño, y que aprenda que la generosidad también puede ser divertida.
Prefiero eso a las bobadas de los camellos y la copita, cosa que yo no recuerdo haberme creído jamás porque siempre pillaba a los mayores en renuncios, ya que pensaban que hablaban en clave o que yo no me iba a enterar, o bien me encontraba los regalos en un registro inocente de la parte más recóndita de algún armario que me habían prohibido abrir. Mi mayor miedo era que se enteraran de que yo lo sabía, porque pensaba que entonces dejarían de regalarme cosas, y estuve muchos años haciendo el paripé hasta que un día salí del armario y confesé y… todo siguió exactamente igual. O quizá mejor porque ya nadie tenía que montar historias absurdas y todos pudimos hablar abiertamente de qué queríamos, qué podíamos regalarle a otras personas, cuándo ir a comprarlo, cuándo dárselo, en fin, la parte divertida de regalar.
Dice mi marido que dónde queda la ilusión, la magia BLAAABLABLABLBLA, y yo a eso respondo que para eso está la ficción, la literatura, los cuentos, la narrativa, las películas, los dibujos, el rol, los juegos de mesa, en fin, todo lo demás. Sé que es una opinión impopular y que la gente normal, presa de esa absurda nostalgia por la infancia que me da una grima horrible, pondrá el grito en el cielo, pero quiero lanzar esta botella al mar de internet, a ver si alguien lee mi mensaje y me apoya aunque sea un poco.
Firmado: el Grinch.
-
liv-shaw reblogged this from elblogdemama
-
tiatan likes this
-
ddezabaleta reblogged this from elblogdemama
-
lectorconstante likes this
-
dontlistentotheradio likes this
-
pazcual reblogged this from elblogdemama and added:
¿El mejor post o el mejor post?
-
circuitry likes this
-
egoismo likes this
-
egoismo reblogged this from elblogdemama
-
elblogdemama posted this