Cómo dormir a un bebé.
En los artículos de la prensa tipo “Papás modernos” o “Bebés actuales” siempre incluyen el típico texto sobre la bestia negra de la maternidad: cómo dormir a un bebé, quizá lo más difícil, exasperante, costoso y aburrido de todo lo que hay que hacer para garantizar el bienestar de un hijo. Estos artículos invariablemente te hacen sentir como un gilipollas por tardar más de 10 minutos en dormirle, o perennemente culpable por no controlar el arte de dormir al bebé cual hipnotizador de gallinas. En las fotos sacan a modelos escuálidas peinadas y maquilladas junto a un bebé hermoso y rollizo completamente frito… lo que no cuentan es que ella probablemente no haya ni tocado al niño y que el rorro quizá haya tenido a todo el plató en vilo durante horas, berreando sin parar hasta que le ha dado la gana a él dormirse, porque básicamente es así como funciona.
No hay trucos mágicos, no hay fórmulas secretas. Un bebé perfectamente sano, sin cólicos ni historias, se dormirá cuando le salga de las narices, y ya puedes “crear un ambiente relajante” todo lo que quieras que por mucho silencio, mucha penumbra y mucha historia si le apetece estar de juerga, lo estará y si le apetece dormir a pierna suelta durante un concierto de Motorhead, lo hará porque los bebés son random y absurdos y eso es así.
Pero hay algo que a mí me funciona y quiero compartirlo con el mundo. Es un secreto infalible que le conté a mi marido y él ha comprobado en sus propias carnes cuando ha intentado dormir a nuestro hijo. Consiste en que cuando no puedas más de sueño, de cansancio y de horror, cojas en brazos a tu bebé y adoptes la postura más incómoda posible. Es importante que sea una postura de la que no puedas salir sin despertarle, yo tengo diferentes variantes como “el palo del gallinero”, “la tortura china”, “la pata coja infernal”, eso ya va en gustos. Cuando tengas la columna hecha un ocho, te estés cortando la circulación de tus propias piernas, tengas el cuello en postura absurda y garantía de tortícolis, cuando pienses que vas a fenecer de cansancio mientras saltas a la pata coja con un melón de 9 kilos en brazos, su sentido arácnido bebé percibirá tu malestar, lo cual le producirá tanta satisfacción que se quedará completamente frito como un tronco. Enhorabuena! Prueba superada! Ves como no eran tan difícil, boba?
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